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La unión hace la marca…
De esto sabe mucho Harley Davidson que, casi desde sus orígenes, ha visto como la comunidad creada por su público se convertía en su principal generador/proyector de su valor.
Y esto no es algo que se produzca con la llegada de la comunicación 2.0, ni mucho menos. El valor ‘social’ de las marcas es inherente al talante social de la raza humana.
Tendemos a agruparnos, a construir un ecosistema de relación, a causa de nuestra propia genética, y esta circunstancia es, sin lugar a dudas, un factor determinante a la hora de diseñar una estrategia de comunicación.
Ahora bien, la clave no está en diseñar una comunidad a medida de nuestros intereses, sino que debemos establecer las bases para que sea el propio usuario el que se encargue de hacerlo.
De este modo, el objetivo será buscar el modo adecuado de dar forma a un ecosistema social de marca  sugerente para el público, pero con la suficiente libertad para que éste establezca en él sus propias normas, intereses y necesidades.
Como muy bien señalaba Lucas (Calvo con Barba) en en #Innobi13, ‘hacer comunidad no consiste en encerrar en una jaula a los usuarios y dedicarse a alimentarlos bien. De lo que se trata es de conseguir aceptados en su entorno como uno más’.
 
Por ello, lo que debemos hacer en primer lugar es cambiar el chip, y abandonar el característico modelo de‘domador’, para tratar de convertirnos en ‘cuidadores’… En miembros activos del grupo, aportando propuestas destinadas a reafirmar la propia identidad de éste. Porque, sólo así la comunidad terminará convirtiéndose en el mejor amplificador del valor de la marca.
En definitiva, no se trata de conseguir que la marca ‘sea social’, sino de que ésta se convierta en un ‘hecho social’ para el público.

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